La Invasión Libertadora en Mal Tiempo el 15 de diciembre
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15 de diciembre
Invasión Libertadora
de José Miró Argenter

• 1895 -

José Miró Argenter en “Cuba Crónicas de la Guerra (La Campaña de Invasión) - Tomo I: Segunda Edición” de la Editorial Lex, 1942, páginas 160-172 describe los acontecimientos del 15 de diciembre de 1895 en la Historia de Cuba:


“Famosa Jornada de Mal Tiempo”

   “En el descenso a las llanuras de Cienfuegos se emplea toda la mañana de hoy (14 de Diciembre). La caballería anda despacio por estas vertientes peligrosas.


   “El semblante de los soldados orientales revela la gran emoción que despierta lo desconocido. En cambio, el villareño se muestra animoso y locuaz; está en su teatro: va señalando los diversos puntos que surgen de la llanura a medida que se ensancha el panorama.


   “Se oye aun el rumor de las cascadas de la Siguanea que desaguan en el lago azul del cafetal.


   “El mundo alado saluda el despertar de la naturaleza con un concierto de notas que parece un himno de gloria.


   “¿Volveremos algún día a subir estas lomas con nuestra bandera triunfante? ¿Retornaremos a Oriente con nuestro caudillo victorioso, para afirmar la libertad sobre las bases de la razón y del derecho, una vez ganada la batalla a sangre y fuego ?... ¡Quién ahora podrá descifrar lo porvenir!


   “Penetramos en la comarca de Cienfuegos por Barajagua, que puede considerarse como el limite de la invasión de Gómez en 1875, pues sólo algunos pelotones de caballería ligera, mandados por Reeve (el Inglesito), se corrieron hasta Colón, para caer poco después en Yaguaramas ese intrépido oficial.


   “Hacemos alto en Guamá de las Cruces.


   “El aspecto de la campiña ha cambiado por completo. El monte abrupto y formidable se alza a nuestras espaldas, pero ya lejos: sólo se ve el telón majestuoso de la cordillera.


   “La guerra de montaña ha concluido por ahora, para dar paso a la guerra en campo abierto, donde la lucha habrá de revestir otro carácter y el modo de batallar será distinto. Los movimientos tácticos se efectuarán al aire de carga: el machete será el arma predilecta.


   “En lontananza se divisan las torres de los ingenios y campos inmensos de cultivo, exponentes de la riqueza del país que en breve serán devoradas por las llamas; medida ciertamente dolorosa, pero indispensable para afirmar el imperio de la Revolución.


   “Propagándose la hoguera, su magnitud y estrépito llevará el pánico a las clases productoras del país; tras el pavor, vendrá por consecuencia inevitable el trastorno económico que hundirá el crédito comercial.


   “El nuevo día será, pues, memorable en los fastos de la guerra: se dará principio a la obra de destrucción. Por las limpias guardarrayas de los sembrados se esparcirá el gran tropel de la caballería, levantando a su paso, en vez de nubes de polvo, olas de fuego. Las gentes acomodadas verán en la invasión al Lucifer exterminador.


   “Nos esperan maldiciones, grandes fatigas y encarnizadas peleas.


“Día 15”

   “A las siete de la mañana se ha tocado marcha de frente.


   “Los caminos son amplios y están secos; se ha elegido el que conduce a un ingenio, cuyos cañaverales se han divisado desde el campamento de Guamá. Las tres fracciones de la columna (vanguardia, centro y retaguardia), van casi unidas; solamente la patrulla exploradora lleva la delantera necesaria, y todo el mundo a caballo.


   “Se presiente algo terrible. Los oficiales del Estado Mayor acaban de trasmitir la orden de que al asomar el enemigo se cargará al machete, sin consultas ni dilaciones.


   “Damos vista al central Teresa, donde hay un destacamento de cincuenta soldados, y la tea inaugura sus funciones reduciendo a pavesas los cañaverales de esa finca que se preparaba para moler: el destacamento contempla impasible la combustión. Mientras anda la tea, unos colonos nos avisan de que en un caserío próximo, llamado Mal Tiempo, hay fuerzas españolas, las cuales, si no están ya en camino del ingenio Teresa, nos disputarán el paso en aquel lugar. Gómez conferencia breves momentos con Maceo, y éste ordena que se redoble el fondo de la columna, agregando esta frase, como en son de advertencia: entró la nave en alta mar, -que como imagen no puede ser más oportuna, pues a los pocos minutos nos hallamos en Mal Tiempo ¡tan borrascoso para las armas españolas!


   “He aquí como sucede el desastre.


   “La sección de exploradores es saludada con una descarga, que por lo furiosa no da lugar a réplica, y parte de nuestra vanguardia, toda la cabeza de ella, se aturde de momento por nuevas y más nutridas descargas de los españoles, que se hallan desplegados sobre un terraplén algo confuso por el follaje de los cañaverales. Al pronto no se ve nada más: el fuego es de maüser, enfilado y muy violento.


   “El general Maceo organiza rápidamente el ataque por el frente y se lanza sobre las líneas españolas al galope de su fogoso caballo moro, que parece que no toca la tierra; al mismo tiempo lo efectúa el general Gómez con su escolta de camagüeyanos y tres escuadrones de Martí, García y Guá; él, delante de la tropa, tieso, clavado en la montura, blandiendo el alfanje que usa. Repuesta la vanguardia, acomete también, por el frente y costados; a discreción. El regimiento Céspedes nutre la escolta de Maceo; el clarín toca a degüello y la masa de jinetes se precipita como torrente furioso. Una cerca de alambre estorba la vía, pero se hiende de un tajo, y sigue con mayor empuje la impetuosa carga. Firme aun la infantería española, rodilla en tierra la mayor parte, trata de resistir con un fuego mortífero y las puntas de las bayonetas; pero nadie se para; al grito heroico de ¡arriba Oriente!, ¡al machete!, ¡viva Maceo!, abren brecha los orientales y acuchillan sin piedad durante quince minutos. No dura más tiempo todo el drama. Aquí han caído secciones completas, con los oficiales que las mandaban; más allá, grupos de infantes y jinetes, mezclados en confusión, ruedan al filo del sable cubano. Un capitán, al frente de diez o doce hombres que le quedan, después de inferir tres balazos con su revólver a un ayudante del Estado Mayor, hace demostraciones de rendirse, pero cae también, con todos los suyos, bajo el acero insurrecto esgrimido por la gente de Guantánamo (1).


   “Una compañía de Bailén ha formado el cuadro... ¡espantosa mutilación!


   “Por los flancos la carnicería ha sido tremenda. Gómez, brioso y enardecido como en Palo Seco, ha roto el más fuerte núcleo de los Españoles, siendo el primero en abrir boquete: su escolta y los escuadrones de orientales que con él han ido al asalto, lo ensanchan en seguida y derriban los cuatro muros de bayonetas, esparciéndolos en mil pedazos. El segundo cuadrilátero de Bailén sucumbe en masa.


   “Con la misma furia, repartiendo cuchilladas a derecha e izquierda, ese trozo de caballería ha llevado la borrasca dentro del recinto de Mal Tiempo, cogiendo de refilón la retaguardia de los españoles.


   “Todos los sólidos han sido deshechos a machetazos. La mitad por lo menos del batallón de Canarias, huyendo de la tremolina, ha soltado armas y cartucheras para escapar con mayor ligereza, o rendirse a discreción los que no aciertan a buscar refugio en la espesura de los cañaverales.


   “Un comandante de caballería que ha tratado de rehacer el núcleo descuadernado de Canarias, tiene que huir a uña de buen caballo, porque los soldados no le obedecen, tiran los fusiles flamantes, las cananas repletas de municiones y los más de ellos se aplanan contra el suelo, bajo la terrible impresión del pánico, como palomas a la vista del azor. Pero la imagen más cabal del espanto se retrata en un grupo que se ha escondido a su manera, detrás de un palmar. Nuestra gente lo descubre y le va arriba; sus componentes parecen figuras de cera con el uniforme de rayadillo azul; se les habla y no responden, lo más que hacen es cruzar los brazos por encima de la cabeza, esperando el golpe del machete.


   “Todo el terraplén está empedrado de cadáveres. En un reducido espacio yacen más de un centenar de hombres mutilados, y la tendalera sigue por todo el canino de Mal Tiempo. El botín de guerra ha sido abundante: se han recogido 150 fusiles maüser, 60 rémingtons, 6 cajas de municiones, los caballos de los oficiales y de la tropa, las acémilas, los equipos, el botiquín y la bandera; por esta insignia y los documentos hallados en el archivo, se viene en conocimiento de que la columna destrozada por nuestras armas, la componían el batallón de Canarias número 42, dos secciones de Bailén y un escuadrón de Treviño, al mando, toda la unidad, del teniente coronel Narciso Rich. Es de sospechar que este jefe se halla entre los muertos, puesto que su espada, su equipaje y su uniforme se encuentran en nuestro poder, y la gente se ha repartido algunos miles de pesos que llevaba para hacer pagos; prendas y valores que ha entregado uno de sus ordenanzas (2). Muchos más armamentos han perdido los españoles que habrían reforzado nuestras filas, de haberse practicado un escrupuloso reconocimiento en el campo de la acción, antes de ser invadido por las llamas de los cañaverales, gracias a lo cual han podido también salvarse los restos de la columna que se han refugiado en el caserío de Mal Tiempo, pues de otra suerte hubieran tenido que rendirse al arbitrio del vencedor.


   “Mientras se distribuyen los trofeos de la victoria, se oye fuego muy nutrido en la dirección del ingenio Teresa: es nuestra retaguardia que entra en función con el destacamento de esa finca y tal vez con los refuerzos que hayan llegado de los lugares limítrofes, porque nos hallamos dentro de la primera zona militar de Cienfuegos, donde el enemigo cuenta con poderosos elementos y vías de fácil transporte. Necesario es, pues, apercibirse para el nuevo combate que no tardará en plantearse, como así lo indica la intensidad del fuego, mientras algunas descargas que suenan más lejos anuncian la posibilidad de otro choque antes de que termine la tarde. No hay minuto que perder. Nuestra columna, bajo el mismo orden en que ha sostenido la pelea, se dispone a hacer frente al enemigo, aquí y allá, tomando el general Gómez el rumbo que indica el fuego más lejano, no sin hostilizar de pasada la vanguardia de la columna que viene a restablecer la acción que acaba de ventilarse, y yendo Maceo en socorro del regimiento Honorato, que es el cuerpo de nuestra retaguardia que ha consolidado la victoria de Mal Tiempo disputando el paso a los refuerzos, ya por lo visto numerosos, que han acudido al campo de la refriega.


   “El enemigo, en hileras muy compactas, sin llevar flanqueos, viene por nuestro frente, marchando por una de las guardarrayas en que ha empezado a propagarse el voraz incendio que la brisa del mediodía empuja hacia nosotros de un modo amenazador, y hace imposible el acometimiento de carga con que se pensó desbaratar su formación; pudiendo él desplegarse con entera libertad a ambos lados de la vía, y mantenerse firme hasta que la acción no cambie de aspecto. Para que la carga resulte eficaz, se hace antes indispensable sofocar el incendio o dar contrafuego; se adopta este último procedimiento por ser el más rápido; y entretanto, con los fusiles cogidos en Mal Tiempo, se improvisan dos secciones de infantería, que, situadas sobre un otero aislado, empeñan la polémica con más calor de la cuenta, puesto que los españoles, muy fogosos al principio del combate, empiezan ahora a cejar y con indicios de pronunciarse en retirada antes que la contra-candela haya devorado los estorbos que impidieron la maniobra de la caballería. Pero la posición que ocupa el adversario será inaccesible, ínterin las llamas no barran el espacio que habrán de salvar los nuestros para llegar hasta allí; faena que anda despacio, aunque todos procuran abreviarla metiendo el tizón por dondequiera; jefes, oficiales, generales de brigada, ayudantes de campo, el Estado Mayor, toda la gente disponible, a la voz convulsa de Maceo, atiza la hoguera para que devore con la prontitud de un polvorín encendido los espesos sembrados que se interponen entre los españoles y nosotros. Es un mar de llamas; el estruendo sobrepuja al de la sinfonía belicosa y apaga a intervalos las notas agudas del maüser. Van cediendo los españoles; uno de sus frentes ha girado sobre sus talones, pasando del orden de batalla al de columna; el otro continúa firme, tal vez para cubrir la retaguardia. Pisando las ascuas, y al través de densas humaredas, avanzan los escuadrones de Honorato y la escoIta del general Sánchez, dirigidos por este valeroso jefe, con el propósito de cortarles la retirada, mientras el regimiento Céspedes les busca el flanco por el cuadro de cañaverales que aun llamean en algunos parajes; evoluciones que no han podido efectuarse con la rapidez apetecible porque todo el campo es una brasa, y cuando dichas fuerzas concurren a los puntos señalados para dar la batida en regla, los españoles han abandonado el lugar incendiado, los pocos cañaverales que quedaban en pie.


   “Este combate lo ha sostenido la fracción mandada por el general Maceo, contra el coronel Arizón probablemente, según se desprende de varios documentos hallados en el archivo de Canarias, que contienen algunos datos relativos a un plan de operaciones combinado por Martínez Campos, cuya ejecución se encomendaba a dicho jefe. Por su parte el general Gómez ha tenido oportunidad de escarmentar nuevamente al enemigo en las inmediaciones de la línea férrea de Cienfuegos; Barbastro además ha destruido una locomotora y causado otros desperfectos de consideración; allí se le ha unido el coronel Zayas con 700 jinetes, que dará buen refuerzo a la columna invasora.


   “Expugnados los españoles de toda el área que ocupaban, hemos cruzado sin tropiezos la línea de Cienfuegos a Santa Clara, cambiando algunos tiros con un tren blindado que conduce tropas no sabemos para qué lugar; y, finalmente, a las diez de la noche, echamos pie a tierra en Aguada de Flores, oyendo los pitazos de alarma de los trenes, que cruzan arriba y abajo, y anuncian al mundo pacífico el desastre de Mal Tiempo.


   “Muy pocas han sido nuestras bajas (4 muertos y 23 heridos), aunque las hay irreparables. Entre los heridos de gravedad figuran tres ayudantes de campo, y todos ellos presentan más de un balazo, ¡huellas honrosas ciertamente! porque recordarán mejor que cualquier otro testimonio esta jornada memorable, en que tan alto ha brillado el valor de nuestras tropas, y servirán de condecoración benemérita a los que puedan ostentarlas, así en la guerra como en la paz. El segundo jefe del regimiento Céspedes, el bravo Cefí, que comandaba a las veces el escuadrón de Guantánamo, ha muerto sobre el campo de batalla, donde reposan sus gloriosos restos: ha muerto acuchillando un grupo de Bailén que resistía a otros aceros. Era Cefí el brazo de hierro de los orientales; ante su cadáver han desfilado llorosos los veteranos de Céspedes, y el mismo Maceo no ha podido ocultar la impresión profunda del dolor. ¡Hemos perdido a Cefí -ha exclamado Gómez. También nos toca deplorar la baja del heroico Sarabella, inválido de la campaña de 1868; cabalgando a la mujeriega por tener amputada una pierna hasta el tercio superior del muslo, esgrimió el machete con decisión extraordinaria hasta que fue derribado del caballo por el plomo enemigo.


   “No pueden ser más desastrosos para sus armas los primeros combates que nos plantea el ejército español en las zonas tenidas por infranqueables para las masas insurrectas; por ellos se demuestra la consistencia de estos núcleos, el nervio del ejército invasor. El desastre de Mal Tiempo advertirá al enemigo que no le será tan fácil contener el empuje de la caballería cubana, ni evitar la destrucción de la riqueza agrícola, cosa ya patentizada en los campos de Cienfuegos devorados por el incendio, cuya reverberación alumbra esta noche todo el cielo de Occidente y es presagio para mañana de un eclipse pavoroso.


   “La alarma que los revolucionarios pretendían crear, está ya producida. Muchos ingenios que se preparaban para la molienda, han suspendido sus trabajos desarmando máquinas y apagando hornos, como escuadra que entra en astillero, y muy pronto miles de braceros en huelga forzosa darán al problema un aspecto terrorífico.


   “Al examinar después del combate los documentos del archivo de Canarias, y al cotejarlos con otros informes adquiridos sobre el terreno, hemos tenido ocasión de abarcar con bastante exactitud la distribución de las fuerzas enemigas en el campo de batalla, así como colegir el plan de ataque, a todas luces defectuoso, que combinó el jefe militar del distrito de Cienfuegos, para hacer fracasar nuestros intentos en los límites de la región central. Dando por un hecho positivo nuestra diseminación y derrota en los montes de la Siguanea, y en la creencia de que sólo intentaríamos ligeras excursiones por les campos de Cienfuegos, y en manera alguna la invasión de las provincias occidentales con toda la masa de caballería, el jefe militar de dicha zona, el coronel Arizón, formó tres columnas de trescientos hombres próximamente cada una, para que ocuparan las inmediaciones de la línea férrea de las Cruces y arrojaran otra vez a la montaña los grupos de jinetes que se atrevieran a penetrar en la comarca agrícola de Cienfuegos con el propósito de impedir la zafra de los ingenios. No de otro modo se explica satisfactoriamente la combinación de Mal Tiempo, desbaratada a cuchilladas por nuestros escuadrones.


   “La columna de Rich, que ha sido la destrozada en la acción de este día, hallábase seguramente en camino del ingenio Teresa para abastecer el destacamento de esa finca o para reforzarlo, cuando las humaredas de los cañaverales le anunciaron nuestro paso por allí. Detúvose en el caserío de Mal Tiempo para tomar informes más exactos, y destacó una fuerte exploración por el camino del Palenque, la cual, al divisar nuestra vanguardia de caballería (y no el resto de la columna a causa de las sinuosidades del terreno), en la presunción de que sólo se trataba de una ligera tropa a caballo, ha roto el fuego sobre ella. Repuestos nuestros jinetes, han acometido por el frente, con el general Maceo a la cabeza de los orientales, tropezando con el obstáculo material de una cerca de alambre, antes de abrir el muro vivo de fusiles; pero atacados al mismo tiempo por el general Gómez, que ha cortado transversalmente el camino, metiéndose de sopetón dentro de las líneas españolas, no han podido rehacerse los soldados de infantería, sino bajo la impresión del pánico y a la vista terrible del machete, manejado con furia por los escuadrones que siguieron al intrépido Gómez. Unicamente un cuadro de Bailén, calando las bayonetas, ha ofrecido el heroísmo de inmolarse en conjunto, mientras otros grupos sucumbían bajo el acero de los orientales.


   “Al tratar de acudir los soldados de Canarias y alguna caballería de Treviño, el socorro ha servido para aumentar el espanto y la mortandad, pues novicios los peones, completamente bisoños, y aterrorizados por la carnicería de Bailén, han huido en gran desorden los que no han presentado su cuello al filo del machete con la mansedumbre de víctimas que van al sacrificio. Los jinetes de tropa regular, y algunos guerrilleros han logrado escapar mejor, por hallarse más próximos al caserío de Mal Tiempo, no sin dejar los caballos en poder de los perseguidores.


   “Liada entretanto nuestra retaguardia con el destacamento del central Teresa, y tal vez con parte de la columna de Arizón, que ha acudido para restablecer combate, este segundo hecho de armas no ha revestido la importancia del anterior, por las razones expresadas en otro lugar del relato: la natural confusión que reinaba entre los combatientes victoriosos y las llamaradas que envolvían el teatro de la pelea. Ni aun puede asegurarse que el fuego sostenido por el general Gómez, al emprender marcha con rumbo a la línea férrea, haya sido con la columna de Arizón, aunque todas las probabilidades así lo indiquen pero tenemos la seguridad, comprobada por diferentes conductos, que con esta columna ha peleado el general Maceo al ir en socorro del regimiento Honorato que cubría la retaguardia. Parece que el coronel Arizón, al retirarse Maceo del campo incendiado, penetró en Mal Tiempo recogiendo algunos heridos que dejó abandonados el jefe de Canarias, y se dirigió después al caserío de Páez con el resto de sus fuerzas.


   “Tampoco es posible averiguar el número exacto de las bajas que tuvieron las dos columnas españolas, a menos que no tengan la sinceridad de confesarlas el coronel Arizón y sus subalternos en algún relato extraoficial. Nosotros no podemos determinarlas porque no se nos presentó oportunidad de contar los muertos, y era, por otra parte, operación aritmética demasiado triste, espectáculo excesivamente desconsolador. Sin embargo, no faltaron testigos que nos hicieran notar en un reducido espacio más de cien cadáveres. Habrá que esperar los partes oficiales que publique la prensa española, para poder deducir, por la ocultación del cuadro fúnebre, la estadística más aproximada a la verdad (3).


   “(1) Este oficial de Estado Mayor es el hoy teniente coronel Manuel Piedra, que tiene el cuerpo cubierto de cicatrices. En el combate de "Mal Tiempo" recibió a boca de jarro tres balazos, a causa de habérsele parado el caballo que montaba en frente de un grupo de infantería, viéndose obligado a arrojar el machete de punta sobre el oficial que mandaba dicho grupo, al observar que amartillaba el revólver. Por fortuna, un pelotón de los nuestros vio el peligro que corría el ayudante Piedra.


   “(2) A los pocos días nos enteramos que el teniente coronel Rich había escapado ileso, no acertando a explicarnos satisfactoriamente que su espada, su equipo y su uniforme se hallen en nuestro poder. Un soldado de la escolta del general Maceo, llamado Roque Rodríguez, hoy residente en San Luis, nos dijo que había matado al jefe de la columna, apoderándose de su equipo y vestuario, y de 5,000 pesos además, Pero parece que el muerto era un capitán graduado de comandante, a quien el asistente de Rich hizo pasar por su jefe, para poder él escapar con vida.


   “(3) Sobre el número de bajas que experimentó la columna española, los periódicos de la Habana que recibimos a los pocos días del suceso, estampan cifras bastante elocuentes. Dividiendo la acción en dos fases distintas, dicen que en la primera tuvieron las tropas 30 muertos y 45 heridos, y en la segunda 60 muertos y 40 heridos. Claro está que las dos partidas de los muertos y algunas más, omitidas por hábito oficial, pertenecen al primer choque, pues a la columna del coronel Arizón no le dio alcance el machete, y si experimentó algunas bajas lo fueron de bala. Nuestro fuego no podía ser certero por estar envueltos en humo nuestros soldados durante la acción; y sólo sufrimos tres bajas, entre ellas el oficial Morales, ya mencionado en otro lugar. Parece que el coronel Arizón ha querido ocultar una parte del desastre de que no le pertenece; nuevo sistema que ahora empieza a ensayarse y que promete abrirse camino entre los jefes españoles más aventajados, a pesar de la circular que ha dictado el general Martínez Campos a propósito de los combates fabulosos, la cual dice así:


   “"A los generales de Distrito, de Brigada y Jefes de Zonas:


   “He visto con disgusto, que sin tener en cuenta mis disposiciones, se cae de nuevo en el defecto de exagerar los partes de los encuentros más insignificantes, apareciendo casi como batallas, los que son ligeros tiroteos. Y es más grave que se me da cuenta de muertos vistos y heridos numerosos, que luego no se encuentran en los reconocimientos posteriores, a pesar de la precipitada fuga de los enemigos. En cambio, apenas aparecen las bajas tenidas, indispensables en toda función de guerra, resultando una desproporción impropia de la formalidad de los partes oficiales.


   “En mi práctica de la guerra he tenido siempre ocasión de comprobar las pérdidas propias, y siempre he tardado en conocer las de los enemigos; y esto que he podido observar sin excepción, debe suceder lo mismo en la guerra actual.


   “Encargo, pues, que en lo sucesivo, bajo la más estrecha responsabilidad de los jefes de las columnas, los partes sean breves, claros y estrictamente veraces, como corresponde a militares serios, dando cuenta en primer lugar de las bajas de la columna; y luego de las del enemigo, limitadas a los muertos y heridos que queden en el terreno, sin mención de muertos vistos, heridos, retirados, rastros de sangre, etc.


   “En los partes que reciba dando mayor importancia, a la operación de la que realmente tenga, me limitaré a participar a mi vez al Gobierno de S. M. el día del hecho y las bajas de nuestras fuerzas.


   “Como consecuencia de estas prevenciones, prohíbo en absoluto que se comunique a la prensa los partes de las acciones de guerra y los diarios de las operaciones, antes de que yo los haya recibido. Y yo ordenará su publicación en la Gaceta Oficial, o la autorizará en la prensa de la Isla, en los términos que estime conveniente.


   “Tendrá V. E. muy presente estas prevenciones para su exacto cumplimiento. -Habana 28 de Octubre de 1895. -Arsenio Martínez Campos. El Capitán de E. M. -Juan Gil y Gil".


   “Esta circular la hemos hallado en el archivo del batallón de Canarias.


   “En unas "crónicas de la guerra" que publicó el semanario ilustrado "El Fígaro" de la Habana, encontramos el siguiente relato, tan sucinto como fraudulento:


   “"Hemos dicho que la acción de "Mal Tiempo" fue una de las más sangrientas de esta campaña; y no podía suceder de otro modo dadas las circunstancias especiales en que se efectuó el combate, y sobre todo, el lugar en donde comenzó, pues es sabido que las tropas fueron sorprendidas por las avanzadas de los rebeldes, perfectamente parapetados y emboscados en una especie de estrecha avenida o callejón".


   “"Dícese que el teniente coronel Rich, del batallón de Canarias, al frente de una columna compuesta de trescientos hombres, al pasar por el callejón del Palenque, barrio de "Mal Tiempo", en Cruces, encontró numerosas partidas insurrectas, según unos, mandadas por Máximo Gómez en persona, y según otros, por Núñez, Cepero y otros jefes de Las Villas. La tropa sufrió durante dos horas el fuego mortífero que le hacían los insurrectos desde las próximas maniguas y desde la boca del citado callejón. Con noticias de lo que estaba ocurriendo, el coronel Arizón llevando doscientos hombres, acudió oportunamente al lugar, logrando traspasar las maniguas donde se escondían los insurrectos y sosteniendo con ellos una lucha cuerpo a cuerpo por espacio de dos horas más. Terminada la refriega, el coronal Arizón envió los heridos a Cruces, desde donde fueron trasladados a Santa Clara, dirigiéndose él a Paez con el resto de la columna, en donde pernoctó".


   “"Las pérdidas de los insurrectos fueron numerosas e importantes, teniendo en cuenta la naturaleza de la lucha, haciéndose ascender a más de 150 (!!!). Las de las tropas consistieron en sesenta y cinco muertes y cuarenta heridos, contándose entre los primeros el capitán Orosio Sánchez, los segundos tenientes Félix Ayala y Diego Mayoral y el médico del batallón de Canarias Ramón Soriano -que fue macheteado en los momentos de curar unos heridos- y entre los segundos, el capitán Toribio Piedra, el teniente del escuadrón de Treviño José Rich, el teniente de Canarias Gabino Fernández y el de Bailén José Prada".


   “"Los insurrectos tomaron el camino de Camarones, no quedando ya duda en lo relativo a su intento de invadir la provincia de Matanzas".


   “A excepción del nombre del lugar y de los oficiales muertos y heridos, todo lo demás es falso en absoluto. Ni nuestras avanzadas sorprendieron el batallón de Rich, ni la tropa española sufrió durante dos horas el fuego mortífero que lo hacían los insurrectos desde las maniguas próximas, ni el coronel Arizón se abrió paso al través de esas maniguas, ni hubo tales luchas cuerpo a cuerpo durante dos horas más, y desde luego no vio un solo muerto de la clase de los "vistos", porque los cuatro que tuvimos sobre el campo fueron enterrados en las inmediaciones del lugar, y dos heridos que fallecieron en el campamento de "Aguada de Flores", obtuvieron honrosa sepultura.


   “Pero la relación de "El Fígaro", como todas las demás que se han publicado sobre el combate de "Mal Tiempo", sirven de buen testimonio para comprobar las numerosas pérdidas que tuvieron los españoles aun cuando sustraigan de ellas más de la mitad, por lo menos, y no mencionen el acuchillamiento sino en determinados casos, v. gr., la muerte del médico del batallón de Canarias; dando a entender al lector que no esté en autos del suceso que las bajas de la columna lo fueron por el fuego de los insurrectos, apostados dentro de espesos matorrales. Sin embargo, no han podido omitir las ocho bajas de los oficiales. Siendo la columna española de trescientos hombres y habiéndose salvado la retaguardia ¿qué numero de soldados le corresponde a la cifra de la oficialidad fuera de combate? Quedándonos cortos, ¿no serán más de doscientos? Y sobre todo, habiendo jugado el machete al romper los cuadros, y dado alcance a los fugitivos, no será exagerada aquella cifra, sino más bien menor que la real, tanto más si se tiene en cuenta que debieron perecer algunos heridos dentro de los cañaverales incendiados, ya, que allí no iría a buscarlos el coronel Arizón.


   “Sobre la muerte del médico de Canarias han dicho casi todos los periódicos españoles que fue un asesinato, y no ha faltado alguno que le echara la responsabilidad al teniente coronel Cepero. En primer lugar, es absolutamente falso que el médico estuviera curando los heridos de su batallón cuando fue macheteado, y lo es asimismo que fuera su matador el expresado Cepero. El médico cayó como cayeron la mayor parte de los oficiales: tratando de escapar a la degollina. Herido, dijo que era el médico, y un oficial trató de salvarlo; pero habiendo caído en aquellos momentos el jefe del escuadrón de Guantánamo, el bravo Cefí, un camarada de éste, enardecido y furioso, le dio un terrible machetazo. Conocemos al individuo que mató al señor Soriano, y en perfecto conocimiento de cómo acaeció el hecho ocultamos al general Gómez el nombre del autor al terminarse el combate, para que no fuera fusilado como pretendía el General en Jefe. El teniente coronel Cepero, acusado de asesino por los periódicos españoles, está tan inocente del "crimen", como los mismos que trataron de imputárselo.


   “El número de Jinetes que dieron la carga no pasaba de cuatrocientos hombres, ente oficiales y soldados. El general Gómez acometió con su escolta de camagüeyanos, con su Estado Mayor y tres escuadrones de Oriente, y el general Maceo con su escolta y el regimiento Céspedes, además de la oficialidad del Estado Mayor. Las fuerzas de Las Villas, según ya se ha dicho, cubrían la retaguardia. Se distinguieron notablemente el jefe de la escolta de Gómez, teniente coronel Boza, el general Sánchez, el coronel Vega, los ayudantes del General en Jefe, y los oficiales Carvallo, Fornaris, Ramos, Sarabella, Puente, Cefi, Chacón, Piedra, Hernández, Sánchez, Enamorado, Betancourt, Guardia; el brigadier Angel Guerra, el coronel Sotomayor, los hermanos Ducasses, y especialmente el comandante Sartorio, que fue ascendido al empleo inmediato sobre el campo de la acción por su bizarro comportamiento y salvó al general Maceo de un peligro gravísimo.


   “Al día siguiente se dictó esta orden:


   “"Número 318. -Al brigadier Luis Feria. -Sírvase Vd. disponer que el teniente coronel Ricardo Sartorio, ascendido a este empleo por méritos de guerra en el combate de "Mal Tiempo", ocupe la vacante que ha dejado en el regimiento Céspedes el malogrado teniente coronel José Cefí Salas, dándole posesión de dicho cargo en la primera formación. P. L. Cuartel General, en la Amalia, 16 de Diciembre de 1895. -P. 0., El Jefe de Estado Mayor -José Miró".”



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Última Revisión: 1 de Agosto del 2008
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